Ciudades y Viajes

Un blog sobre turismo, gastronomía y relax.

Andrei es uno de los rusos que viven en la Costa del Sol y que dinamitan el tópico. No es pobre ni tiene relación alguna con ningún tipo de mafia. Simplemente, se vino a España de vacaciones, se enamoró y se quedó aquí. Sin más. Tiene un trabajo normal y convive feliz con su esposa y su hija.

Conocí a Andrei por cuestiones de trabajo hace ya una buena cantidad de meses. En Madrid, en un congreso si no me falla la memoria. El caso es que nos hemos hecho amigos, tanto nosotros dos como nuestras respectivas familias, de modo que hemos decidido pasar unos días lo seis juntos recorriendo su ciudad adoptiva, Málaga. Y alrededores, claro.

Y hemos estado haciendo cuentas mi señora y yo, porque aunque tengamos trabajo no dejamos de sufrir la crisis, como todo hijo de vecina. En fin, que si sumamos el desplazamiento en coche, el hotel (por muy buena voluntad que haya, seis personas no van a caber en un apartamento pensado para dos y que ya ocupan tres), salir a dar una vueltecita por la ciudad y alrededores… se nos va el sueldo de tres semanas en una sola.

Hemos dicho que vamos… ¡y vamos!

Desde luego, no se nos ocurre plantearnos el dejar el viaje para mejor ocasión: vamos a ver a nuestros amigos aunque tengamos que pasarnos el resto del mes comiendo chopped. Pero, mira, si  en lugar de chopped puede ser mortadela, mejor, nos hemos dicho. De modo que nos hemos planteado en qué se podía ahorrar sin racanear en calidad del viaje.

Tras descartar rebajar la categoría de la comida y de alojamiento, en ambos casos, pensados como como de “categoría media”, nos quedaba pensar en la posibilidad de ahorrar en el viaje. Desde donde vivimos hasta Málaga son, en combustible, casi dos depósitos y medio, y otros tantos a la vuelta. Esto es, unos 300 euros sólo de combustible. Más peajes, más desgaste del coche, más la paliza que nos íbamos a dar conduciendo… Como seiscientos euros y la musculatura de la espalda, calculo.

Un gran idea en boca de un pequeño genio

Ha sido entonces cuando el chico, que a sus cuatro años ha demostrado que va para genio de las finanzas, ha aportado la idea de ir en avión. La verdad es que el muchacho debe pensar que se llama “Cállate”, porque raramente nos paramos a escucharlo. Pero la idea se nos quedó inserta en algún punto del subconsciente porque luego, por la noche, mientras le dábamos vueltas a la cabeza antes de dormir, empezamos a hablar del tema…

… Y ya nos ves, a las cuatro de la mañana, comparando tarifas de alquiler de coches, ver si nos salía o no rentable.

Antes de seguir adelante, he de decir que debo agradecer a una empresa llamada Helle Hollis el que vaya a poder permitirme el lujo de rellenar de chorizo el bocadillo a fin de mes. Tras buscar, mirar y remirar, ésta resultó ser la mejor oferta:

Un alivio para el bolsillo

Por 126 euros, impuestos incluidos, hemos tenido un Peugeot 107 (de sobra para los que somos) durante toda una semana. Sin límite de kilómetros, con una política de combustible justa, asistencia en carretera las 24 horas, seguro a terceros… como si fuera nuestro.

Y es que la cuenta era fácil: ir encoche, nos habría supuesto, sumando los desplazamientos, largos y cortos, junto con el resto de gastos propios, unos seiscientos euros. Usar el avión y alquilar el vehículo en Málaga se nos ha quedado en cuatrocientos escasos. Aparte de la comodidad de evitarnos el trayecto largo.

Cuando hemos alquilado el coche el mismo aeropuerto de Málaga, nos hemos enterado de que esta empresa se encuentra en la Costa del Sol y Andalucía. Por ahora, sólo ahí, pero con estos precios y este servicio, todo se andará.

En New York hay más que grandes edificios arrow-right
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