Ciudades y Viajes

Un blog sobre turismo, gastronomía y relax.

Navidad a pleno Sol, un regalo para el alma

Quien no haya soñado con pasar unas navidades tomando el solecito en una playa tumbado en una hamaca mientras se toma un daikiri con sombrillita incorporada y disfruta de las vistas de las evoluciones de los surfistas es que tiene un granizado en las venas o no ha visto las series ambientadas en las playas de Honolulu y otras por el estilo…

Cuando de pequeña veía alguna de estas películas en las que pasaban las fiestas navideñas en bermudas, bañador y un solazo de infarto no entendía muy bien por qué celebraban la Navidad en “verano”…

Ídolo polinesio

Claro que una va creciendo y, de repente, se entera en el colegio que cuando en el hemisferio norte es invierno en el del sur es verano, y la siguiente vez que ve una de estas series lo que hace es morirse de envidia porque no pasan frío en las vacaciones de Navidad.

 

A mí, que no me gusta mucho el calor, porque ando con la tensión por los suelos, siempre me ha fascinado pasar unas navidades en una de esas playas tranquilas y bellas, disfrutando del paisaje majestuoso del océano azul…

Playas como las de Bora-Bora, Waikiki, Honolulu o Hawai son de las más conocidas y turísticas, con complejos hoteleros alucinantes que ofrecen todas las comodidades que un turista occidental espera disfrutar.

 

Sin embargo, hay otra clase de turismo más en contacto con la tranquilidad de esos lugares que aún guardan vestigios de ancestrales dioses con raíces que se hunden profundamente en la tierra de sus antepasados.

Estas islas son más pequeñas y los negocios de turismo que hay allí no ofrecen lujosas habitaciones, ni piscinas, ni buffet europeos al levantarse. Son lugares paradisíacos donde te alojas en las mismas cabañas típicas de la zona y comes los platos del lugar.

 

Te acuestas con el mar acunándote con su rítmico susurro y puedes disfrutar de la paz y la belleza de un lugar tocado por los dedos de los últimos dioses totémicos que aún disfrutan de libertad entre el oleaje y los recónditos recovecos de la selva.

Entre toda esta belleza se oculta un gran peligro: que no quieras volver… Eso lo saben muy bien muchos de los visitantes extranjeros que han ido formando colonias en la miriada de islas polinesias y que han decidido abandonar toda su vida de ajetreo y estrés y empezar de nuevo en uno de estos paraísos donde la Navidad rinde homenaje al dios Sol.

Guadalajara, capital de la Alcarria arrow-right
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